¿Qué hace un editor?

abarcar wordpresspor Carlos Caporali

Director Editorial

Durante algunos años tuve la certeza de que un Editor que se precie, estudia en profundidad las variables del segmento del mercado editorial que elije. Ingresa a un sistema mezcla de conocimiento y prospectiva después; y como corolario incorpora el dibujo de escenarios posibles, para tomar noticia a renglón seguido, de costos y técnicas de pre-producción, con todo lo que ello significa. Se encarga luego de la etapa de impresión, y avanza, una vez puesta la obra en términos de realidad, sobre la distribución, la que suele comenzar momentos antes de la puesta en marcha de una campaña de lanzamiento y presentaciones varias.

Estrategias mediante, las más de las veces he quedado sorprendido por lo débil que resulta este planteo racional, el que se parece mucho más a un fino algoritmo, que a la verdad hecha letra impresa. Lo cierto es que en mi caso, comienzo despertando algunas madrugadas previas a la aceptación del trabajo, luego de haber hecho la consulta con mi almohada, al respecto de todas aquellas historias en las cuales el ingreso marginal no fue el previsto, el presupuestado.

También se cruzan en mis elucubraciones las dudas, metódicas y aquellas que no lo son tanto. Me dejo asistir entonces por algunas historias, como las del Maestro Ugerman, quien no dudó en hacer dinero su único patrimonio para avanzar con un hermoso desafío editorial. Como si esto fuera poco, me aferro a la historia de don José Zoilo Miguens, primer Editor del Poema Martín Fierro, quien le insistiera a José Hernandez en el sentido de editarle su obra, a pesar de que el mismo autor negara sistemáticamente la trascendencia de sus escritos.

Estas historias normalmente hacen su efecto, no sólo calman la ansiedad respecto de mis decisiones estratégicas, si no que colaboran abriendo la puerta a variables que no encuentro, porque no las considero normalmente, en mis Planes Comerciales. ¿Quién es el Autor? Me pregunto. Leo su obra. La degusto. ¿Me enamoro de su letra a punto tal de traicionar el curso de la experiencia. Es esto a lo que aspira mi inconsciente editorial? ¿Editar sin otro motivo que editar. Darle rienda suelta a esta energía que impulsa mi corazón literario, y se regocija tan sólo al imaginar el brillo en los ojos del Autor cuando se encuentra con algo de su interior en registro bibliográfico?

Cuando nace la pregunta: ¿Qué hace un Editor? Una de las respuestas, al menos  la que suena en mi interior es: Un Editor vive la Obra de otro en su completa dimensión. La percibe, incorpora de ella sus limitaciones, proyecta en cada verso, en cada línea tanto la alegría del descubrimiento, como la extraña acidez de la admiración mezclada entonces con serena sorpresa. Y por supuesto que la comercializa. Cómo no hacerlo, si se trata de una de las emociones que le dan valor y vigencia a nuestra tarea, la energía que fluye impulsando el retorno operativo de cada unidad de inversión, resulta como las diástoles y sístoles de nuestro sistema circulatorio. Desapegar para recibir. Brindarse para recoger el Amor en clave de Libro. La letra y la moneda son necesarias entonces para que sigamos navegando el mismo velero de la creatividad.

Jorge Luis estaba convencido de que la única forma en que los Autores dejan de corregir es: editando. Abundo en esa genial apostilla diciendo que la única manera de lograr que un Editor deje de Editar, es escribiendo, pero esa, esa es otra historia.